
Y ese fue el pasillo donde el TÃo Mario encontró la muerte casi sin pensarlo. A todos nos sorprendió la siempre rápida partida, sin poder decir sentimientos, palabras, abrazos y sonrisas.
Nunca podemos remediar el no decir, es por eso que la culpa estigmatiza las pérdidas, cuando uno se queda con el sinsabor del no haber disfrutado lo cotidiano y lo simple, que la vida nos ofrece.
In Memoriam Mario Strobietto (mi querido TÃo Mario).
Paisajes!

A quién fotografiar?
SabÃas que hay cientos de almas que se ordenan en el caos del monolito civilizado?
Pretender desentrañar la maraña, es la parte más ilusoria de un fotógrafo.
Ordenar, racionalizar, buscar un sentido como lo hace el semásforo, es prohibitivo en la mirada de la creatividad.

El dÃa fue raro, lluvioso, empañado. Transcurrió en una atmósfera rancia, enrarecida. Quizá fue el marco ideal para que luego viera el regalo. Tanta lluvia y gotas, finalmente respiraron en un hermoso arco iris, magnificente, que se proyectó abarcador, desde el Cementerio de la Recoleta. Los muertos habÃan hecho su regalo.
Desconsolada buscaba la explicación en la orilla de porque debÃa volver… Después de unos hermosos soleados dÃas, el infierno urbano aguardaba. Olvidó sus zapatillas de Cenicienta, y descalza, oliendo la tormenta, no dudó un segundo en lavar el mate en la playa. Asà tendrÃa el aroma de la sal a flor de piel cuando regresara…





















